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MI COLUMNA VERTEBRAL # 698

Por: © 2013 Armando Caicedo

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Esta es la segunda ocasión en mi vida que escribo “Mi Columna Vertebral” desde una “unidad de cuidados intensivos“.

La primera fue en el 2007 cuando padecí un ataque al corazón. La segunda, esta semana, cuando me debí someter -a las carreras- a una intervención quirúrgica (más compleja y enredada que los “matrimonios entre parejas del mismo sexo”) operación que en el mundo científico se conoce como: “Whipple“.

Cuando uno está boqueando en una unidad de cuidados intensivos, la primera frase que te aparece en la mente es la del borracho deprimido: “uno no vale nada“.

¿Nada?

Realmente debo reconocer que, en mi caso, nadie osó ofrecerme un centavo por una vesícula biliar en estado lamentable, un duodeno traicionero que ocultaba un tumor canceroso, un páncreas que mi cirujano decapitó, ni por un yeyuno que me huelo  apenas quedó sirviendo para decorar el interior de mi panza. En palabras simples: “uno no vale nada“.

¡Nada! Incluso el doctor Levine, el cirujano, se negó a llevarse para su casa lo que me sobró de la cirugía, pese a mi insistencia que le podría servir para complementar la dieta proteica de su perrito.

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MI COLUMNA VERTEBRAL # 662

Por: © 2013 Armando Caicedo

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Señor. No me vuelvas a dejar caer en la tentación.

Acabo de recibir un paquete que contiene un coqueto estuche con doce herramientas de acero quirúrgico.

Seis corresponden a pinzas, que sirven para una cantidad maravillosa de funciones.

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Según leo en las instrucciones –éste, el alicate de puntita redonda- es muy útil para  hurgarme las fosas nasales en busca de esos pelos frondios que osan asomarse, curiosos, por el hueco de la nariz.

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MI COLUMNA VERTEBRAL # 689

La Guerra de los Pelos

Por: © 2013 Armando Caicedo

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Cuando las damas  desean reclamar un espacio en la sociedad, se inventan formas muy peculiares para hacerse notar.

En los años 60’s, las mujeres se declararon en pie de guerra en procura de lograr la liberación femenina. Como símbolo de su independencia, se despojaron de sus portásemos y desfilaron por las calles -las muy majas- bamboleando sin pudor sus dotaciones glandulares.

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Ahora, en pleno Siglo 21, surge un movimiento de “mujeres indignadas” que para reafirmar su identidad de género y su peso específico en nuestra sociedad nos acaban de notificar que se dejarán crecer los pelos. more…

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