MI COLUMNA VERTEBRAL # 718

Por: © 2014 Armando Caicedo

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Durante diez años me resistí -con patas y manos- a ingresar a las redes sociales.

El Facebook me parecía un enorme club de desocupados, donde el chisme era el rey y donde unas jovencitas fresas se dedicaban a escandalizar con sus tentadoras fotos a tipos -como yo- que  ya no nos cocinamos ni con tres hervores.

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Pero como la carne es débil, me dejé tentar.

Así, que el pasado 1 de enero de 2014, metí el dedo (donde había jurado no meterlo)… y “plop“… ingresé a Facebook… ese día evidencié el principio evangélico de  “untado un dedo… untada toda la mano“.

Según mis cuentas, llegué al Facebook en el puesto 1,310,000,001.

Ese miércoles gasté siete horas presionando botones, curioseando, cometiendo estupideces y relacionándome con personas desconocidas que yo intentaba imaginarme, a partir de unas fotos “así de chirriquiticas“.

Con el tiempo aprendí que es necesario distinguir entre tres tipos de navegantes: Los MAU, los DAU y los DEPISTAU.

Los MAU (monthly active users) son esos 1.310 millones de curiosos, que están conectados al Facebook y que navegan en sus aguas tormentosas por lo menos una vez al mes.

Los DAU (daily active users) son aquellos 750 millones de fanáticos, gomosos y afiebrados que navegan a diario.

Y los DESPISTAU, somos los tímidos que no nos atrevemos a colocar, ni nuestra foto, ni nuestros datos personales, porque nos aterra que puedan ser utilizados para dejar al descubierto esa tan cacareada “intimidad” que a fuerza de guardarla, ya despide olor a rancio.

Acabo de completar tres meses consumido de cabeza entre mi computador, pendiente de la actividad contagiosa del Facebook. Y así como he conocido a personas inteligentes, bellas de espíritu y dotadas con una magia especial para hacer amigos, también me ha tocado soportar a cretinos, propietarios únicos de la verdad revelada, dueños de un “yoismo” insoportable, así como a damas cascarrabias que no aguantan un debate sobre la mejor receta para cocinar un huevo tibio.

Gracias al Facebook volví a ubicar a amigos, familiares y compañeros de estudio y trabajo que completaban años sin asomar sus narices, amén que he logrado conocer a personas muy interesantes que viven más allá de la esquina de mi casa. No ha faltado el güey al que se le ocurrió cobrarme una  deuda que se originó en una partida de billar cuando yo tenía doce años, ni la “jovencita” -que treinta años más tarde- me recordó que yo la deje plantada en su fiesta de quince.

Toda esta larguísima introducción para animarte a que me sigas en Facebook.

Es una maravillosa oportunidad para que gente inteligente como tú, opine, debata, comparta y contradiga… Además, tienes la oportunidad de seleccionar -entre los 1.310 millones de usuarios de Facebook– a ese círculo de gente fresca y divertida que te interesa (espero que me incluyas), y, de paso, mantienes el poder de eliminar de tu entorno a cretinos, maniáticos, profetas, políticos e indeseables.

¡Ánimo! ¡Entra sin golpear. Te espero en:

https://www.facebook.com/ArmandoCaicedoG

 

 

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2 Responses
  1. Hermogenes Villaneva says:

    Para el buen humor siempre habrá espacio en la vida, y Armando Caicedo era necesario y urgente su presencia en faceboock. Muchas felicidades en la ruta.

  2. Gracias mi buen amigo Hermógenes… ahí seguimos pedaleando en la bicicleta estática del Facebook