MI COLUMNA VERTEBRAL # 626

Por: © 2012 Armando Caicedo

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¡Qué condena perpetua la que padecen aquellas personas obligadas a cargar durante toda su vida con apelativos rebuscados entre el “santoral”! Para la muestra, soy amigo de Próculo, Eucario y Mamerto.

Lo peor es que ellos fueron víctimas de tan premeditada infamia, mientras se encontraban en estado de indefensión, sin posiblidad de pataleo.

Es que la misma ceremonia del bautizo parece la escena de una película sobre la mafia: Colocan a la indefensa criatura al borde de una alberca, cual si se tratara del miembro de una banda rival, a quien van a consumir entre el agua, para interrogarla. La tierna víctima mira aterrorizada a esos desconocidos a quienes, desde ese día, los debe llamar: “padrinos“. En seguida, notifican al bebé, de manera sumaria y por escrito, que tendrá que soportar -incluso sobre su lápida- el rebuscado nombre que sus tías solteronas se inventaron para desgraciarlo.

En mi vecindario conozco a un bebé, a quien le clavaron el nombre de  “Pioquinto”, en memoria del primer novio de su abuela materna.

En plena ceremonia, los padrinos protestaron. “Apiádense del bebé ¡Que sea Pioquinto, pero combínenlo con otro nombre más moderno!”

Después de barajar docena y media de opciones, el cura por fin aceptó la más moderna. Al borde de la pila lo cristianizó con el cibernético apelativo de: “Pioquinto PuntoCom Pérez”.

En 2005 sucedió un caso similar. Melissa Heuschkel, indecisa sobre qué nombre ponerle a su cuarto hijo, tuvo la peregrina idea de subastar el nombre en eBay.

¡Qué éxito la subasta! El ganador fue el Casino “Golden Palace” que le pagó a la madre $15,500 con la condición que el bebé llevara -de por vida- el nombre de “Golden Palace Benedetto“.

Inspirado en ese éxito, y con mi situación económica tan arrancada, decidí poner en subasta mi “cambio de nombre”. ¡Que fracaso! Apenas recibí  tres propuestas, la más alta, por cuenta de un antro de bailarinas de tubo que se apiadaron de mis necesidades.

La rechacé porque a cambio de $25 dólares debía firmar mis columnas -por el resto de mi pinche vida- con el sugestivo nombre de “Armando Bellas Bailarinas de Tubo Caicedo“.

Otro caso es el de mi tío Urticario, a quien mi Diosito lo bendijo con catorce varones -casi todos parecidos a él, excepto cinco que se parecen a su compadre-. Para mantener el control en su casa, los numeró. Así cualquiera en mi familia reconoce que “García Siete” es mi primo ubicado entre sus hermanos “García Seis” y “García Ocho“.

Otra historia que me ha conmovido hasta las lagrimas es el de una familia de gorilas (primos hermanos de nosotros los humanos). Cuando nació su bebé, papá y mamá gorila le examinaron el equipo de dotación, para comprobar el sexo de la criatura. Por tratarse de un varoncito -con su par de peludas canicas en su puesto- lo bautizaron “Ping-Pong”. Más tarde, cuando este gorila se hizo célebre en Hollywood, los productores le recomendaron cambiarse el nombre poe uno más taquillero:  King Kong.

Esta historia de película me creó la duda  ¿Es que uno puede cambiarse el nombre?

¡Si! En 49 de los 50 Estados de la Unión Americana puedes cambiarte el nombre, por cualquier motivo, y sin mucho papeleo.

El problema es que bancos y otras instituciones gubernamentales te exigirán una “orden judicial“, para aceptar ese cambio, donde demuestres que no es para evadir un embargo, una deuda o una obligación de asistencia alimentaria.

Si después de explicar un millón de veces las razones para el cambio, por fin logras obtener la tal “orden judicial“, ahí empieza el verdadero vía crucis. Debes tramitar, de nuevo, todos tus documentos y registros frente a unos burócratas que te van a examinar con lupa -de arriba a abajo- como si tú fueras ese bebé gorila de nombre “Ping Pong“, que triunfó en Hollywood gracias a que se cambió el nombre.

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2 Responses
  1. Excelente , amigo Armando. En estos tiempos de cambios no viene mal uno más. Si no fuera por la burocracia que todo lo echa a perder…
    José Díaz -Díaz
    http://www.arandosobreelagua.com

  2. Hermogenes Villanueva Torrealva says:

    Si se cambian de sexo, por que no hacerlo de nombre. Por culpa del aleman mi padre en el trayecto al Registro Civil se olvido el de Armando y ahora soy Hermogenes, tengo que aceptarlo que a mucha honra.

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