MI COLUMNA VERTEBRAL # 636

Por: © 2012 Armando Caicedo

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La circuncisión es un tema de película.

“¡Corten!” Gritan los que están a favor.

¡Paren la guillotina!” Gritan quienes se oponen a esa suerte de decapitación.

Por un lado, millones de personas alaban las ventajas de cortar lo que les sobra del pirulín,  al tiempo que el resto del planeta “se opone, horrorizado,  a semejante carnicería”.

Pero tal como ocurre con los temas migratorios… nadie le pregunta su opinión al afectado -que en este caso- es el degollado pirulín.

Mis colegas de la sala de redacción me advirtieron “Cretino, no te enredes en semejante tema tan controvertido”.

Pero yo me negué a permanecer mudo. La paz del mundo depende hoy, de lo que suceda en la mismísima punta del honorable miembro masculino.

El escándalo se cocinó en Alemania, cuando una Corte prohibió a los padres realizarle la circuncisión al pirulín de sus hijos, “por razones religiosas”.

La Corte argumenta: “El cuerpo del niño sufre daño corporal irreparable y permanente”. “Además contraviene los intereses del niño cuando deba  decidir sobre sus creencias religiosas“.

Este concepto jurídico de la Corte de Colonia, Alemania, logró un impensable milagro: unir –por fin- a todos los judíos y musulmanes del mundo, en una causa común: defender su derecho a circuncidar a sus hijos.

Las implicaciones políticas de esa decisión jurídica son tan graves que ponen en peligro la paz del mundo. La circuncisión –como es natural- está que arde.

El mismísimo presidente de Israel, Shimon Peres, le envió una carta al presidente de Alemania, Joachim Gauck, recalcando que la circuncisión es “un ritual en el corazón de la identidad judía”.

Yo, como ciudadano de a pie, hago uso de mi derecho a disentir. Confieso que también tengo mis convicciones religiosas (aunque no tan profundas). Así que nadie se atreva a acercar un bisturí -ni siquiera un cortaúñas- a esa área tan sensible de mi anatomía. Prefiero que me operen del corazón.

Como yo no soy judío, tampoco musulmán, me parece que practicarle el despeje del pirulín a un bebé gordito, equivale a comprarse un Ferrari último modelo y meterle un destornillador a la unidad sellada del carburador.

Si Dios hubiera querido la circuncisión, estoy seguro que nuestro honorable miembro nacería ya con ese “upgrade”, como dotación original de fábrica.

Para mi tranquilidad, la Iglesia Católica prohibió la práctica de la circuncisión el 4 de febrero de 1442, durante el Concilio de Basilea-Ferrara-Florencia: “estrictamente se ordena a cuantos profesan el cristianismo, no practicar la circuncisión ni antes ni después del bautismo”.

Un pariente político judío me argumentó: “Lo recomiendo, por higiene y presentación personal”.

Yo me puse a comparar fotografías: de “antes” y “después”. En realidad el pirulín luce casi igual. En la foto de “antes” parece un hippie. En la de “después” es el mismo hippie, pero pelado… como si se hubiera transformado en un miembro del ejército.

La famosa Reina Victoria de Inglaterra se inventó que “la familia real británica desciende del Rey David”. Sin que le temblara la mano ordenó circuncidar a todos sus descendientes, costumbre que se mantuvo hasta que la Princesa Diana se opuso a que sus bebés -William y Harry- fueran circuncidados.

El príncipe Harry nos acaba de dar testimonio fotográfico de la sabia decisión de su madre, cuando en una rumba en Las Vegas, nos exhibió su inquieto pirulínsin cortes y sin censura”.

 

 

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2 Responses
  1. Hermogenes Villanueva Torrealva says:

    Dejen al pirulin tranquilo.

  2. Fernando says:

    jajajajajjajajjaja excelente, les mando un fuerte abrazo, muchas gracias